07 febrero 2012
03 noviembre 2011
Por las ventanas escucho los coches. Unos hacen más ruido que otros. La música es de piano, una radio encontrada. Vivo en un río.
Y voy por las calles y veo cruces, veo parques y veo personas.
A veces me sorprendo acariciándome.
Veo edificios grandes, neoclásicos, abiertos en sus ventanas. Veo rubios del norte, veo calvos, veo calles anchas con terrazas.
Sale el sol y yo no salgo, yo me quedo en la calle iluminado. Sin brillo.
Veo una cárcel enorme. Veo un torrente, unas rocas, una salida en la ladera.
No huyo del río, aunque me lleve por delante.
Los espejos no reflejan nada.
Dónde coño estoy.
04 enero 2011
el baúl
La conocí por un gran interés en mí. Yo tenía solo diecinueve años, y con ella descubrí la vida más allá de mi razón. Yo le enseñé el camino de la locura, y ella lo tomó de mi mano. Y ella quedó de mi lado, y yo del suyo. Poco a poco fui conociendo lo que creí era el amor. Nos gozamos dentro y fuera de la cama y fue precioso el trabajo, la espera y el resultado.
Nos amamos de forma irregular por mi parte. Ella confió su ser sobre mis manos y se me doblaron como si fueran de papel. Un día me asusté e intenté olvidarla. Como si se tratase de un dato. Pero no era un dato sino un río, y coloqué diques, pero la inercia, el torrente, los sedimentos hicieron que el dique –la forma- dejara paso al agua, pero intenté bañarme sin mojarme.
Recorrimos parte del caudal de la mano, ella del lado del río, y yo del firme. Poco a poco la fui llevando tierra adentro, hasta que no se oyó el abrazo del cristal sobre lo eterno. Me desperté entonces solo, en medio de altas hierbas del color de la vainilla y del tacto de lo arisco. Sentía sed. Me estaba secando. La busqué y no la vi por ninguna parte. Pero ella sí me vio a mí. Y deseaba que la encontrara, y me mostró el camino, pero yo no lo seguí.
Construí una casa sin techo y un baúl. A través de la ventana la veía, cada vez más dulce, con sus grandes ojos y su aparente inocencia. Veía cómo se movía su pelo, cómo sonreía, y el reflejo del cristal me devolvía mi sonrisa.
Me quedé dentro de mi casa varias semanas, pensando en mí y en ella y en los dos. Y cosí un vestido para su cuerpo, y me imaginaba viéndola con él, guapa, suave, fresca, primaveral. Veía su cuello, acariciado por el aire. Me gustaba su corte de pelo. Y yo miraba mi casa y lloraba, pero ella no me veía. Veía su reflejo, se veía a ella, todavía en la puerta esperando por mí. Triste y, sin saber porqué, cogí el vestido, los collares y canciones y los escritos y algunas lágrimas… y los metí en el baúl. Tablas planas. Grilletes. Hierro. Madera oscura. Cerraduras.
De repente, até mis manos a la espalda y, yendo hacia la otra pared de mi casa, corrí con el tronco doblado llevando la cabeza como ariete y me golpeé de forma salvaje con la arista del baúl, cayendo doblado y temblando. Una vez en el suelo, sangrando por la frente, rematé mi consciencia contra el alicatado, hasta que la sombra penetró en mis ojos y lijó aguda mi alma. Un tiempo después me desperté. Inconscientemente, construí sin salir de casa una cama para dos, uní unas telas y me hice una manta, y dormí abrazado a la almohada. Me desperté al día siguiente con el sol de la mañana. Me asomé a la ventana y allí estaba ella, sentada y con el vestido de una pieza que sabía que me gustaba. Habían pasado por ella el verano y el invierno y, a pesar de ello, seguía sentada, con sus grandes ojos. Y una margarita en la mano. Viéndola, escribí cosas para que nunca ocurriesen, silbé canciones que sabíamos, cociné platos que le gustaban y que yo solo me comía.
Incapaz de salir a la calle e insuficiente para invitarla a entrar me arranqué mis ojos con mis manos para no verla, y el poder de mi mente autónoma me mantuvo sin desmayo. Y quise sufrir, metiéndome los dedos en las cuencas ya vacías.
No fui capaz de dormirme en mil noches, pues no podía cerrar los ojos y soñar. A tientas comencé un dibujo. Unos pies de porcelana le dieron peso sobre el suelo. Seguí con sus piernas, suaves, por las que alguna vez el humo de mi boca le había expirado un vestido. Completé su tangible cuerpo de memoria hasta llegar a sus clavículas, y recordé entonces aquélla habitación en la que por primera vez lloré de una forma consciente. Al rematar su cara y su pelo, me di cuenta de mi obra. Decidí que era mía y la guardé en el baúl.
Una noche, el baúl se abrió y salió ella con el vestido que yo había cosido, silbando con sus labios la canción que yo había recordado, con la mirada hacia un lado dentro de sus grandes ojos. No lo pude ver, pero sé que fue así. Sin decir nada, levantó la manta, y se metió muy silenciosamente dentro de mi cama, y apoyó su cabeza sobre la almohada. Y en sus grandes ojos nos vimos los dos durante varias horas.
Y comenzó a hablarme. Y el sonido de su voz me congeló y no pude moverme, como si estuviese hecho de hielo. Me contó que me había estado esperando, y que por ella habían pasado el otoño y el invierno. Pero algo había nacido entre los dos. Con su voz congelada me dijo que yo era nuestro hijo. Un hijo que había nacido con la intención de vencer a su padre, de acabar con él. Había nacido con el rencor innato hacia su creador que, a la vez, era yo. Acabó de contarme mi historia y, muy silenciosamente, me volvió a ver, piedra, hijo de Pedro, abrió la puerta de mi cuarto de Madrid y se fue. Y se fue. Se fue, y me morí allí, dentro de mi baúl.
Tren a Madrid. 1 de la mañana del 5 de marzo de 2009
14 agosto 2010
«Nuestro mensaje sigue intacto: 'Peace, love and respect'»

Publicado en La Voz de Galicia, 14 de agosto 2010
Ashton Family Man Barret es el bajista que acompañó a Bob Marley en la consolidación del reggae de los Wailers. Él es el único superviviente del grupo que potenció internacionalmente el sonido que explotó en Jamaica, y que se materializó en plástico en álbumes de éxito internacional como Uprising o Exodus. Es coautor de muchos de los temas que hicieron famoso al grupo, y todavía mantiene su puja con la familia Marley por los derechos de creación. Tocarán hoy a las 22.30 en la plaza de España de Pontevedra. Dice que si está el arquitecto sigue habiendo esencia.
-¿Qué nos ofrecerá The Wailers en el concierto de esta noche?
-En Pontevedra le mostraremos al público la magia y el sonido de las más bellas canciones de siempre. Tocaremos nuestros hits y los grandes clásicos de la banda.
-¿Qué queda de los orígenes de los Wailers, casi 40 años después de sus inicios y sin el icono de la banda?
-Pues de los orígenes solo quedamos yo, Family Man, y nuestra música.
-¿Se ha alterado de alguna forma el mensaje rasta que potenció Bob Marley cuando lideraba el grupo?
-El mensaje es el de siempre y sigue intacto: Peace, love and respect.
-¿Qué puedes decir de la otra banda liderada por Junior Marvin, y que lleva también vuestro nombre, 'The Original Wailers'?
-Ellos son unos impostores.Ellos son de los Estados Unidos, no son de Jamaica. No puedo decir otra cosa más que esa. Yo he estado desde el principio, y te puedo decir que ellos no estaban allí.
-En la escena reggae se te considera el arquitecto y gran artífice de la evolución de este género. ¿Qué puedes que decir al respecto?
-Lo único que puedo decir es lo que sé de mí. Yo solo hago lo que hago. Intento hablar con Jah cada vez que hago música, y eso es lo único que he hecho en mi vida. Jah nos guía. Jah nos protege.
30 julio 2010
El Festival de Jazz de Pontevedra despertó con el estruendo Carter

La Voz. 24/7/2010
James Carter moduló su encanto por la Praza da Ferrería a través de sus saxos en un vibrante concierto que sorprendió desde su subida al escenario. Repasó temas de su último álbum Heaven on Earth, y desempolvó revisionados viejos trabajos de una carrera que cuenta ya con quince años, a pesar de su mediana edad. El saxofonista derrochó dramatismo cómico y gestualización, habló con el público e interactuó con el cielo y la plaza a través de sus vientos de metal.
El jazzman de Detroit presentó su quinteto antes de la primera nota como quien presenta credencial. Lo que vino después fue la confirmación de estar situado frente a una de las nuevas piedras de toque de este género musical.
Físicamente enorme, Carter se desbordó desde el inicio, y estrelló los compases iniciales sobre los todavía incautos espectadores que esperaban el susurro del jazz. Encontraron, sin embargo, un caudaloso torrente bien encauzado por Carter, que tocó el saxo soprano, el tenor, el barítono y la flauta. Pero, además se rodea de cuatro excelentes músicos que no optan por las medias tintas y que aparcaron en Pontevedra su jazz en doble fila, como hacen los grandes.
Excelente toda la banda, pero quizá destacó el trompetista Corey Wilkes, que cubrió la espalda de Carter e hizo de avanzadilla en varias ocasiones. Fue más de hora y media de efusividad que hizo que los expectadores terminasen de pie maravillados, pidiendo un nuevo bis después del primero. Y Carter, muy gracioso durante toda la noche, salió, boquilla en mano, para explicar que le harían perder el autobús, y prometió volver. El quinteto se dirigía esa misma noche, en un viaje de 17 horas, para tocar al día siguiente en el Festival de San Javier, en Murcia.
El líquido jazz continua bañando la plaza, y si ayer estaba prevista la tranquila voz de Madeleine Peyroux, hoy continúa con Christian Scott en la tercera jornada del festival.
17 julio 2010
Noche hooligan en Caldas de Reis

Un viejo rockero, fino sonido británico, vandalismo y macarrería del puerto de Bristol, una buena sensación lusa y la sorpresa de la noche con un cabeza de cartel de tapadillo. La primera jornada del festival Cultura Quente elevó su sonido más allá de los carballos y sorprendió a los presentes con la aparición no anunciada sobre las tablas de Vetusta Morla.
El viejo rockero Johnny Winter recogió el testigo de Dirty Socks con gran puntualidad y rasgó el rock y blues duro de una forma ruidosa e impactante. Sus problemas de vista hacen que dé sus conciertos sentado, pero la banda no perdió un ápice de fuerza. De hecho, quizás excesiva. Después el sol bajó y Ocean Colour Scene realizó un argumento de autoridad nada más salir a la plaza, con un clásico del pop británico de calidad, The Riverboat Song. Desgranaron temas de su último disco, novedad a raíz del vigésimo primer cumpleaños de la banda. Se mantienen firmes, duros, compactos, y muy finos. Buen recital.
El vandalismo se tiñó de negro con la subida de Tricky. El británico es carrocería corporal de su espectáculo, donde decidió desgarrar el triphop de su ciudad y convertirlo en material industrial, duras guitarras, rapeos de su vocalista femenina, y mucha sensualidad en su voz de humo. Convirtió su cuerpo en sonido, y con Black Steel metió a una barbaridad de gamberros en el escenario. Fue atrevido y excitante, pero parte del público echó en falta que no se dejase llevar más por el recuerdo. Hizo bien, pues el creador es él, él lo decide y él acertó. Negro, gamberro, macarra, excitante, canábico...
La primera sorpresa de la noche la supuso la circunferencia pop de los portugueses Clâ. Los lusos quizá resultan un tanto lineales con el transcurso de los minutos, pero canciones como Tira a Teima eliminan la rigidez pectoral, y aportan ganas de baile y copas con ellos en garito luminoso hasta altas horas del mediodía. La gente estaba tranquila y daba como muy buena la selección de bandas y sonido de las mismas –ya muchos se encontraban ensimismados por el gran pato de plástico jefe del río Umia- cuando comenzaban los acordes de Autocrítica. Pensaban que Dj Amable estaba pinchando un tranquilo grupo popero español, pero el caso es que Vetusta Morla estaba allí, y dieron un potente concierto de repaso por sus canciones más conocidas –que, al parecer son todas-. Grata sorpresa del grupo madrileño que volvía al primer gran escenario al que se subieron hace dos años.
Buena selección, buen sonido y mejor ambiente. Bravo.
12 julio 2010
Charlando con Eduardo Fajardo
Eduardo Fajardo, actor de teatro, radio, televisión y cine y doblador de películas.
Mientras espero a que el de Localia defienda las virtudes del doblaje en el cine... se acerca a mí.
Claro, usted ha sido doblador. ¿Considera que el cine se disfruta mejor doblado que en versión original?
El cine, si no fuera doblado tendría que ser con letreritos, y todo eso resta rapidez, entre que tú lees, no te fijas en el gesto del actor, y si te fijas en el gesto del actor, no te fijas en lo que ha dicho. Entonces el diálogo, fluye de la voz, de la cara, el gesto... si no fuera por el doblaje, el cine extranjero no tendría éxito en España, porque no todo el mundo sabe leer rápido...
Se va cogiendo un hábito, también la ópera tiene una banda, en donde se puede leer el libreto...
Si, pero ahí también influye el factor del canto... el cine es más... violento.
A usted le hubiera gustado ser un galán. ¿Cree que es injusto que se le recuerde como villano?
¡No! Porque yo, además, he sido un villano con encanto. Porque he tratado de que fuera así. Entonces, mi cara puede corresponder a un villano desagradable o a un villano simpático. Con la sonrisa también se puede matar.
Villano no es sinónimo de canalla...
No. Yo he hecho de villano en casi todas mis películas, pero yo me siento muy satisfecho de haber escogido ser villano. Es más duradero, joven, no joven, mayor, más mayor... siempre villano hasta los noventa años. O hasta los cien. El actor no tiene más que un enemigo...
Su mirada de matador se centra en mis ojos.
¿Cuál es?
La memoria. Cuando pierde la memoria, se acabó el actor. En estos momentos estoy haciendo un monólogo, y estoy yendo por los teatros, por el mundo de la discapacidad, porque yo ya he consagrado mi vida a este mundo. Pero también es verdad que me gustaría mucho poder dar mi experiencia a los jóvenes. Yo no necesito ya honores. Yo lo que tengo son satisfacciones, y quien te da las satisfacciones es el hombre. Yo quiero que los méritos sean de otros, yo ya tengo los míos, los tengo archivados y ahí ya están todos. Entonces quiero aportar lo que sé a los jóvenes. Por eso me he sentado contigo, porque me dices que estás circunstancialmente. Nunca se sabe. A lo mejor esto te engancha a la prensa...
Entonces, ¿se considera en activo todavía?
El actor está en activo mientras no le falte la memoria. El día que pierda la memoria, se acabó mi yo actor.
¿Cuál es la producción de la que se siente más orgulloso?
Donde yo me siento más orgulloso es en el teatro. Porque en el cine también están los perros. El perro policía, que es más inteligente que el jefe... en el teatro el perro no se come una rosca.
Un tercero que pide vela en el entierro: “En el teatro hay menos engaño”.
(Vuelve fajardo) ¿Es cierto o no...? Ah, bueno! Entonces: el teatro. En el teatro se levanta el telón. Allí tienes un crítico que se llama público. Si tú lo convences, te aplaude. Si no, empieza ese silencio... porque hay silencios de aburrimiento. Se notan. Hay silencios de emoción. Hay muchos tipos de silencio. Entonces, en el teatro tú no puedes engañar. En el cine, se corta, y te dicen ‘tú no te preocupes’, ahora lo hacemos de otra forma y sale muy bien.
¿No le gusta a usted el engaño?
Es un problema de mecánica del cine, que yo no he inventado. Me parece muy bien, porque hay un tipo de espectáculo en el cine, que no lo puedes tener en el teatro. Cada cosa tiene su aquel. No siempre el actor sirve para todo. No es normal el que un actor doble películas americanas; que un actor hable por radio y haga radionovelas; cine; después teatro y después televisión... son cinco mundos distintos, y eso no es fácil. Tu amigo Fajardo lo ha hecho. Pero lo he hecho, porque lo han querido, y porque yo tenía unas condiciones que no sabía, lo fueron viendo: el director, que dice ‘oye, escucha la voz que tiene este señor’, ‘oye, te fijas cómo actúa’... pero fueron ellos, no fui yo. Porque nadie engaña a nadie. Tú eres un muchacho joven, lo que tú no tienes es experiencia, pero tienes inquietud, y eso es bonito. Eso tienes que mantenerlo. Por eso te he dicho ‘no digas que estás pasante’. Porque un día te puede enganchar una interviú que hagas –y guiña el ojo-, a una muchacha, a un señor, la forma de tratarte, encontrarás gente educada, maleducada, tienes que encontrar de todo, porque esa es la vida, ¿estamos? Yo en ti veo como un nieto... volviendo: Yo aunque quisiera mentir, ya no sé mentir, no tengo necesidad, para qué, para qué... cuando se es joven se miente, pero se miente porque se es joven.
Hay veces que se miente con razón.
¡Claro! Pero también sin razón – y suelta una carcajada de verdadero perro viejo.
¿Guarda recuerdo de alguna obra que le haya marcado?
Bueno: esto es como si le preguntas a una madre que tiene catorce hijos, cuál es el mejor de los catorce. Dice: todos.
Sin embargo hay un mayor.
Sí, pero el pequeño también tiene sus encantos. Todos queremos de una forma a la madre, y al padre de otra.
¿Verdad que sí? Cuando nos duele algo decimos ‘ay madre’. Yo nunca he oído ‘ay padre’. ¿Verdad que no? La madre es una raza especial... Dime hijo.
¿Y algún director con el que haya trabajado?
He trabajado con muchos. Una de las cosas con las que más se aprende es cuando uno se pone bajo la dirección de alguien, y te das cuenta de que uno sabe, o únicamente ha tenido la oportunidad de dirigir, pero no sabe dirigir.
Es usted esquivo.
Te he contado lo que se puede encontrar uno en el director. No he trabajado con Cecil DeMille, me hubiera gustado mucho. Pero he trabajado con directores muy importantes, Sergio Corbucci es uno de ellos. También con otros italianos, franceses...
Ha trabajado con Jess Franco.
Hay una película que se llama Django. Ahí verás a Jess Franco y a Fajardo. Mano a mano.
¿Por qué, cuando habla en público, se refiere tan poco al cine? Habla mucho más de la vida que del cine.
Porque es lo que tengo más reciente. Yo me estoy centrando ahora en el mundo de la discapacidad. El cine lo he dejado y me he alejado de él.
El tercero llega de nuevo, esta vez con la agenda: “Eduardo, tienes que firmar los libros...”.
¡Ay! Me vas a perdonar, me están esperando en el Ayuntamiento. Me dará mucho gusto que sigas con esta profesión. No te desilusiones...
-y grita-: Ve la película Django, apúntatelo: Django, ¿de acuerdo?
Pues aquí queda. El hombre se levantó y los funcionarios se lo llevaron a sus funciones, que no las del actor.
"Olvídate de todo eso; Esto es Cultura Quente"

Joaquín Martínez Silva, Kin (Portas, 1971), es la cabeza visible de Esmerarte, escudería artística promotora de conciertos organizadora del Cultura Quente, que se celebrará un año más -y ya van 12+1- en la villa termal de Caldas de Reis. El festival nació dentro del proyecto europeo Thermaios, que también planteaba la proyección -frustrada- de un centro termolúdico con el objetivo de dinamizar, de intentar activar la rama socio-económica de este localidad de diez mil habitantes. Kin ha visto cómo el festival ha ido creciendo y se ha convertido en un icono de Caldas en Galicia y el extranjero al atraer a más de 15.000 personas en anteriores ediciones. Este año presentará en su palco de actuaciones un variado cartel en el que estarán presentes desde Johnny Winter a Tricky, pasando por Ocean Colour Scene o The Sonics. «Ahora hay muchos festivales, pero hace trece años, imaginar un evento como Cultura Quente era algo así como realizar una investigación». Es hora de conocer al arquitecto.
-¿Cuál es el punto fuerte de este festival?
-El punto fuerte es el Cultura Quente en sí. Y está hecho de esta forma. Es un fin de semana para olvidarse de la crisis y de los problemas y disfrutar. Si te fijas en el cartel, ves a Johnny Winter, que es un monstruo, colaborador y compositor de canciones de Jimi Hendrix. Mucha gente dirá: «A mí no me encaja». Olvídate de todo eso, esto es Cultura Quente: un límite a los lados y aquí cabe todo lo que tenga calidad y enriquezca, tanto al festival como al artista que toca, porque ellos nos conocen, y sus agentes piden tocar aquí, porque les enriquece tocar aquí. No vienen por el dinero. He conocido grupos que hubieran tocado gratis. Porque mola, mola todo. Y tenemos programa para los mayores, porque a los mayores no solo les gusta María Dolores Pradera, a los mayores les gusta el rock.
-¿Hasta qué punto ha crecido el Cultura Quente?
-En todo este tiempo, el festival se ha convertido en una plataforma de promoción y escaparate para muchos grupos. Sorpresa la nuestra, cuando los artistas internacionales tienen referencias del Cultura Quente. En trece años han pasado casi todas las agencias europeas, y siempre se han ido contentos. Esta es una muestra de calidad muy importante a la hora de negociar, no tienes que estar explicando qué es Cultura Quente. Saben a dónde van, saben el trato que van a recibir, y que no tendrán problema de ningún tipo. Y eso, al final, es dinero.
-¿Cómo se consigue mantener el nivel año tras año?
-Con mucho cariño y trabajo. Hace unos años, un músico de The Gift, me decía: 'Vamos a sentarnos un momento y me vas a decir cómo se organiza esto, porque es increíble'. Aunque también organizamos otras cosas como el Vigo Transforma, el Cultura Quente es nuestra niña bonita. Yo tenía un trabajo más relacionado con el derecho laboral y otro tipo de cosas que nada tienen que ver con esto. Y acabas siendo mánager, sin saber qué significa, trayendo a artistas como los que tenemos este año y a otros que luego se proyectarán hacia el futuro. El Cutura Quente es la marca que ha crecido con la empresa, y por ello es muy especial organizarlo.
-¿Es esta la edición más potente del Cultura Quente?
-Yo diría que es el festival más ambicioso que hemos organizado. Los recursos son muy limitados y el modelo de festival es muy difícil de sostener en este momento, porque por la propia naturaleza del mismo está condenado a crecer. Todo el mundo espera el mejor festival, y lo hemos conseguido. No es posible hacer otro festival porque no existe. Este año el evento posee una identidad muy potente. Y además es gratis.
-Dígame entonces de dónde sale la pasta.
-El festival recibe una parte del canon del embalse para actividades culturales, y con eso se monta prácticamente todo el festival. El Concello aporta un 40-50% del presupuesto, y el resto con recursos propios de la organización: patrocinadores, restauración, barra y patrocinadores que se consiguen con mucha gestión durante todo el año, con un making off audiovisual muy importante para que las marcas quieran asociar su imagen a la del festival.
-¿Por qué ir al Cultura Quente?
- Porque no existe un festival así en ninguna parte. El público debe manifestarse, debe elegir. Como dice Reixa, «en tiempos de crisis hay que decidir». El festival es gratis, y tiene un cartel variado. Los asistentes deben ir sin ningún tipo de prejuicios acerca de los artistas, esto es lo que hay. Yo no descarto ninguna sorpresa, que alguien se suba al palco de repente o algún artista que se encuentre en el público. Cada Cultura Quente es una oportunidad para cada uno de los que asiste. Además este año va a venir mucha gente, se lo va a pasar muy bien, y habrá quien, siendo su primera vez, se vaya pensando que ha ido a un festival que se merece un viaje.
-Se presenta como un entorno de intercambio, ¿en qué sentido?
-Nosotros huimos del mercantilismo puro de los festivales. Intentamos crear un espacio en el que un motivo sean los conciertos, pero también un espacio de convivencia, donde la gente se conozca, en un entorno fabuloso. Huimos del corsé de los festivales que te condicionan el funcionamiento. Aquí dejamos un aire de libertad, la gente entra y sale, pasea, conoce, acampa, está en el pueblo. Esto genera grupos de personas que se conocen y luego quedan para venir en otras ediciones. Llamémosle verbena moderna, o romería moderna.
-Estoy viendo el titular.
-No, por favor, tenemos a las orquestas muy cerca.
13 mayo 2010
sigo vivo
Quizá pocos recuerden ya a estas alturas a David. David era el hermano pequeño de Mark y ambos hijos del arquitecto Earwin Knopfler. David era el hermano. Tocó la guitarra en el grupo en los primeros álbumes, pero pronto se retiró a una vida de creación solitaria. ¿Qué estarás haciendo ahora? Estuviste ahí, joder. Pero coño, tu hermano era Dire Straits.